No hay tregua para la Mega-Sequía en la Zona Central: Concepción se lleva el premiado este 2018

Ya terminó el invierno meteorológico y nuevamente los meteorólogos estamos decepcionados: el trimestre climatológicamente más lluvioso ha sido más seco de lo normal en buena parte de la zona central. Los déficit del trimestre inveral superan el 30% en casi todo el país e incluso bordean el 60% en algunas zonas, alcanzando máximos entre la Nueva Región del Ñuble y la Región del Biobío.

Si 50% de déficit les parece poco, imagine por un momento que el hermoso sueldo que acaba de recibir por matarse trabajando se reduce más de la mitad de un momento a otro: ¿estaría con tragedia, no? Bueno, los climatológos estamos atónitos no solo a esta enorme pérdida en lluvias, si no que también porque el 2018 repite la historia de 2017, 2016, 2015, 2014, 2013, 2012 y 2010.

Así es. La segunda década del siglo XXI ha estado marcada por la sequía. Miremos un poco más atrás en el tiempo como se ha comportado la lluvia de invierno en la zona central. Aunque medimos la lluvia en milímetros, una mejor forma de visualizar el déficit de precipitación corresponde a través de un índice estandarizado de precipitación.

No se muestra la falta o exceso de lluvia en “milímetros”, si no que en unidades estandarizadas. ¿De qué sirve? Bueno, de partida nos permite ver a simple vista un rango normal de lluvia, que uno puede estimar de  entre el valor -0.5 y +0.5.

Todo lo que esté sobre +0.5 implica condiciones más lluviosas y bajo -0.5, condiciones secas. Ahora, ¿qué sensación les queda cuando ven el gráfico?

Lo primero que resalta es que los años lluviosos, en barritas “verdes”, desaparecen luego del 2006. Lo segundo es que las barritas amarillas, que indican déficit, se multiplican y se mantienen en el tiempo entre el 2010 y 2018, salvo algunos años que aunque igual fueron deficitarios, no cayeron en el rango seco totalmente.

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Figura 1. Índice estandarizado de precipitación de invierno (junio-julio-agosto) entre 1981 y 2018. Estaciones usadas: Santiago, Valparaíso, Curicó, Chillán y Concepción. Figura original: Catalina Cortés. Fuente de datos: DMC/Servicios Climatológicos.

El Centro para el Clima y la Resiliencia (CR2) bautizó al periodo 2010 a 2015 como “Mega-Sequía”, pero ya es hora de actualizar las cifras: La Mega-Sequía va desde 2010 a 2018… ¡9 años continuos de déficit de lluvias!

2018: Una historia repetida

Volviendo a la gráfica anterior, 2018 parece ser el más seco de este periodo de Mega-Sequía, pero se visualiza solo un poco más abajo que 2016 y 2013, así que en términos prácticos es uno de los más secos de los últimos 9 años.

Mirando más atrás en el tiempo, uno se encuentra con periodos de un par de años “catastróficos”: 1967-69, el 88-90 y 1998-99 fueron años particularmente complejos.

Solo para darles una idea, en 1968 en Santiago llovió apenas 22.3 mm en el trimestre de invierno , cuando lo normal es que caiga suficiente agua como para acumular entre 150 y 210 mm, lo que equivale a un déficit gigante y lo convierte en uno de los inviernos más secos registrados en la capital.

La sequía de fines de los 60, que tuvo su peak en 1968, dejó la escoba a nivel económico e impulso el cambio horario para aprovechar más las horas de sol en la época de invierno.

Tras un año extremadamente lluvioso, el invierno de 1998 fue decepcionante y hubo amenazas reales de racionamiento eléctrico que, según Wikipedia, se volvieron realidad con un decreto de racionamiento (¿alguién tiene info. sobre esto?).

Bromeando un poco, Catalina Cortés (amiga y compañera de trabajo en el equipo de pronóstico estacional) dice que todos los años terminados en “8” están malditos. Su hipótesis será comprobada el 2028, ¡así que a estar muy atentos!

Hay varios motivos para preocuparnos. Uno de los principales es que esta seguidilla de años secos no dan tregua a la zona más densamente poblada del país. Si bien un 2018 seco y aislado hubiese sido bastante malo, viene precedido por estos 8 años del terror. La última década es la más seca desde que hay registros en la zona central y es en mi opinión la característica más trascendental del déficit de lluvia.

La variabilidad interanual (es decir, los cambios entre un año y otro) son muy grandes en la zona central, entonces uno espera que tras un año seco, el siguiente o subsiguiente repunten. Esto se vio a inicios de los 70 tras la sequía de 1968 y al inicio de los años 2000 tras la sequía del 98.

Como se podrán imaginar, en la última década esto no ha ocurrido, puesto que desde el 2010 a la fecha los años lluviosos han brillado por su ausencia.

¿Dónde está el agujero negro de las lluvias?

La figura de abajo es notable. En el trimestre de JJA, el más lluvioso del año en casi todo el país, las lluvias fueron deficitarias desde Arica hasta Punta Arenas, incluido los territorios insulares.

Por supuesto que el déficit de lluvia varía de zona a zona. Un 50% de déficit en Santiago no es lo mismo que un 50% de déficit en Puerto Montt. Para evitar distorsiones, utilizamos nuevamente nuestra querida amiga anomalía estandarizada, una forma de corregir el dato tanto por la media como la varianza natural de cada lugar. De esta forma, ahora nuestros déficit por ciudad se vuelven comparables entre si.

El “epicentro” de la sequía este 2018 está entre la capital de la Nueva Región del Ñuble y  Región del Biobío: Chillán y Concepción, con desviaciones respecto a la media de más de -1.5 u.e. Aunque no se muestra en la figura, Los Ángeles registra una anomalía estandarizada de -1.7, lo que confirma al Biobío como la zona más afectada.

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Figura X. Anomalía estandarizada de la precipitación total acumulada en el invierno de 2018 (junio-julio-agosto). Media climatológica: 1981-2010. Gráfica Original: Catalina Cortés. Fuente de Datos: DMC/Servicios Climatológicos.

En Chillán, el trimestre acumuló apenas 257 mm, un 50% menos de lo normal que corresponde a 519 mm. En Concepción cayeron apenas 346 mm, 332 mm menos de lo normal y equivalente 57% de déficit.

En el caso de Santiago y Valparaíso, el déficit bordea los 108 mm en ambas ciudades, lo que significa un 51% menos para la capital y 42% para el Puerto.

¿Quién o qué nos robó la lluvia? Eso será material para otra publicación.

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